El Monumento Natural de las Grutas de Cristal de Molinos se localiza en el término municipal de Molinos, en la comarca del Maestrazgo (Teruel), y protege una superficie de 126 hectáreas situada entre los 640 y los 1.100 metros de altitud. El espacio reúne un complejo sistema kárstico formado por una red de galerías y salas subterráneas que se abren al exterior a través de la Cueva de las Graderas o Grutas de Cristal y de la Cueva de Baticambras, e incluye además otras cavidades como las simas de Ogesa y la cueva de Pollarés. La lenta disolución de la roca caliza ha modelado un singular paisaje de estalactitas, estalagmitas, columnas, cortinas y cascadas de carbonato, en el que destacan las estalactitas excéntricas o helictitas, que han llevado a considerar el conjunto un Punto de Interés Geológico de importancia nacional.
El espacio fue declarado Monumento Natural mediante el Decreto 197/2006, de 19 de septiembre, del Gobierno de Aragón, junto con el Puente de Fonseca. A esta figura se suman otras formas de protección que reconocen sus valores naturales y culturales: el Parque Cultural del Maestrazgo, la Zona de Especial Conservación (ZEC) Cuevas de Baticambras y la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) Río Guadalope-Maestrazgo. Más allá de su valor geológico, las cavidades guardan un notable interés arqueológico y paleontológico: en sus rellenos se hallaron fauna fósil de mamíferos y dos enterramientos, uno de ellos el célebre Hombre de Molinos, cuyos restos, datados por carbono 14 en la Universidad de Zaragoza, se sitúan en torno a los 5.100 años de antigüedad.
La visita guiada al interior, de unos tres cuartos de hora, desciende por una escalera de acceso jalonada por una Línea del Tiempo y una exposición fotográfica, que ayudan a interpretar la historia geológica del entorno. El recorrido permite conocer dos espacios: la Sala de los Cristales, con una muy variada colección de espeleotemas y sus llamativas estalactitas excéntricas, y la Sala Marina, que debe su nombre a unas formaciones coralinas originadas bajo el agua tras la colmatación de las antiguas vías de drenaje. Esta cavidad recibe alrededor de 30.000 visitantes al año.
A diferencia de su vecina, la Cueva de Baticambras permanece cerrada al uso turístico por su relevancia biológica como refugio de quirópteros. Hasta ella discurre el sendero SL-TE 28 “Grutas de Cristal-Cueva de Baticambras”, de unos 3,6 kilómetros, que recorre el territorio kárstico del monumento. La cavidad está protegida como Zona de Especial Conservación y cuenta con un cerramiento que impide el acceso humano sin obstaculizar el vuelo de los murciélagos.
En el casco urbano de Molinos, el Museo de las Formaciones reúne una réplica artística de la diversidad de espeleotemas de las grutas, paneles informativos y reproducciones de murciélagos, y complementa la visita subterránea. El municipio conserva además los restos del Hombre de Molinos, expuestos en el museo local, así como un valioso casco histórico con la iglesia gótica de Nuestra Señora de las Nieves y el espectacular barranco de San Nicolás.
La interpretación de los Monumentos Naturales del Maestrazgo se articula desde el Centro de Interpretación de Villarluengo, punto de referencia para contextualizar la visita al conjunto de espacios protegidos de la comarca. Las propias salas de las Grutas de Cristal acogen, asimismo, el festival “Música y Palabra”, con conciertos de música clásica y recitales de poesía que aprovechan la acústica natural de la cavidad.
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Los barrancos y cortados calizos del Monumento Natural, en especial los de Altaya, Pollarés y Baticambras, ofrecen refugio a una notable comunidad de rapaces rupícolas: entre las especies citadas para el espacio destacan el águila perdicera (Aquila fasciata), el águila real (Aquila chrysaetos), el buitre leonado (Gyps fulvus), el halcón peregrino (Falco peregrinus) y el alimoche común (Neophron percnopterus), aves ligadas a los paredones rocosos donde encuentran emplazamientos seguros para nidificar. El entorno se integra además en la ZEPA Río Guadalope-Maestrazgo, designación motivada por la presencia de aves rupícolas y para la que se citan también la culebrera europea (Circaetus gallicus), la aguililla calzada (Hieraaetus pennatus) y la chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax), habitual de roquedos y cantiles; conviene precisar que estas últimas corresponden al conjunto de la ZEPA y no necesariamente al recinto de 126 hectáreas del monumento.
El principal valor faunístico del Monumento Natural reside en sus quirópteros. La Cueva de Baticambras, cerrada al uso turístico, alberga una importante concentración de murciélagos con tres especies catalogadas como Vulnerables en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón: el murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum), el murciélago mediterráneo de herradura (Rhinolophus euryale) y el murciélago pequeño de herradura (Rhinolophus hipposideros). La cavidad constituye un refugio de invernada de primer orden, con unos 250 ejemplares de murciélago mediterráneo de herradura hibernando cada año, lo que la convierte en uno de los enclaves más relevantes de la provincia de Teruel para esta especie. Para salvaguardar a estos animales, muy sensibles a las alteraciones ambientales, se prohibieron las visitas y se instaló un cerramiento específico.
En los cursos de agua y barrancos del entorno se citan también especies protegidas por la normativa autonómica, como el cangrejo de río común (Austropotamobius pallipes). A este patrimonio vivo se suma el notable interés paleontológico de las cavidades: en los rellenos del suelo de las Grutas de Cristal se ha hallado fauna fósil de mamíferos del Pleistoceno superior, con una antigüedad estimada en torno a los 100.000 años.
El paisaje mediterráneo que rodea el monumento, vinculado a la ganadería extensiva, da cobijo a mamíferos y reptiles propios de la media montaña del Maestrazgo, si bien no existe un inventario faunístico oficial específico del recinto de 126 hectáreas.
El Monumento Natural protege fundamentalmente un sistema subterráneo, de modo que sus principales valores no son de carácter botánico; aun así, el exterior del espacio, situado entre los 640 y los 1.100 metros de altitud, presenta un paisaje vegetal de carácter mediterráneo continental condicionado por la naturaleza caliza del sustrato, la aridez estival y el mantenimiento de los usos ganaderos tradicionales en el entorno.
En las lomas y laderas que rodean las cavidades dominan las formaciones esclerófilas y aromáticas adaptadas a la sequía, con presencia de carrasca (Quercus ilex) y coscoja (Quercus coccifera), acompañadas de sabina negral (Juniperus phoenicea) y de un matorral de romero (Rosmarinus officinalis), tomillo (Thymus spp.) y espliego (Lavandula latifolia). En el conjunto comarcal del Maestrazgo, sobre suelos calcáreos y a cotas más elevadas, estas comunidades enlazan con pinares de pino laricio (Pinus nigra), pino carrasco (Pinus halepensis) y pino silvestre (Pinus sylvestris), mientras que en barrancos húmedos y umbrías aparecen el quejigo (Quercus faginea), el tejo (Taxus baccata) y el acebo (Ilex aquifolium); estas últimas formaciones se describen para el entorno comarcal y no de forma específica para el recinto del monumento.
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