El Monumento Natural de Monte Santiago se localiza en el extremo nororiental de la provincia de Burgos, en la zona del Valle de Losa, lindando con los Territorios Históricos de Álava y Bizkaia. Abarca los términos municipales de Berberana y la Junta de Villalba de Losa, con una superficie protegida de 2.411 hectáreas y una Zona de Influencia Socioeconómica (ZIS) de unas 12.000 hectáreas. Fue declarado Monumento Natural mediante el Decreto 59/1996, de 14 de marzo (BOCyL 26-3-1996), que se complementó con el Decreto 58/1996 de aprobación del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) del espacio. Está integrado, además, en la Red Natura 2000 como Zona Especial de Conservación (ZEC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) Monte Santiago, declarada en el año 2000.
El paisaje aparece dominado por un frondoso y bien conservado hayedo meridional cantábrico, que se prolonga hasta el borde mismo de un anfiteatro rocoso formado por las cresterías calizas de la Sierra Salvada, fuertemente karstificadas. En uno de sus recovecos más aislados se localiza el mirador del Salto del Nervión, considerado uno de los saltos de agua más altos de Europa occidental, con caída en forma de cola de caballo. El territorio se encuadra en el dominio biogeográfico atlántico y constituye, a la vez, una franja de transición hacia condiciones mediterráneas, lo que explica la notable variedad de ambientes y comunidades vegetales que alberga.
La Casa del Parque, ubicada en el paraje de Fuente Santiago, en el término de Berberana, funciona como punto de referencia para contextualizar la visita al espacio protegido. A través de paneles interpretativos se aborda la evolución del territorio desde la prehistoria hasta el siglo XX, así como la geomorfología kárstica del entorno, apoyada en una representación cerámica de la zona. La exposición ofrece, además, contenidos específicos sobre la fauna, la flora y la ecología del bosque de hayas, con especial atención a los anfibios asociados a las charcas y surgencias del lugar.
En el entorno inmediato a la Casa del Parque se desarrolla un paseo señalizado que acerca al visitante a la Fuente de Santiago, una surgencia kárstica que conforma un manantial integrado en el bosque, y desde allí parten varios de los itinerarios principales del Monumento Natural.
El mirador del Salto del Nervión se asoma a un cortado vertical de más de 200 metros, desde el que se observa la cascada del río Nervión cuando este lleva agua. El curso pertenece a un sistema kárstico, por lo que la caída solo se produce en periodos de fuertes lluvias o deshielo, generalmente entre invierno y primavera. La altura de la cascada se cita en distintas fuentes oficiales entre 222 y más de 300 metros, hecho que la sitúa entre las mayores caídas de agua de Europa occidental y de la península ibérica.
El mirador de la Esquina de Rubén ofrece una de las panorámicas más amplias del espacio, con vistas al Valle de Délica, a la localidad vizcaína de Orduña y al macizo de Gorbeia. Ambos miradores están conectados por una senda de pequeño recorrido que discurre junto a la cornisa de la Sierra Salvada, bordeando los farallones calizos donde nidifica buena parte de la avifauna rupícola del espacio.
El Monumento Natural alberga dos loberas (trampas tradicionales para la caza del lobo), una de las cuales destaca por su singularidad: es la única lobera de la península ibérica que cuenta con dos fosos. Restauradas y señalizadas, se acompañan de figuras escultóricas que recrean la batida sobre el lobo, una práctica ancestral vinculada al aprovechamiento ganadero de estas tierras.
Junto a las loberas, el espacio conserva las ruinas del Monasterio de Santiago de Langrériz (también citado como Langreniz), del que toma su nombre el monte. Su construcción se remonta al año 1075, según consta en el Cartulario de Valpuesta, y sus vestigios se distribuyen en el entorno de la Fuente Santiago, evocando un pasado medieval de estrecha convivencia entre los habitantes de estos valles y su entorno natural.
El Monumento Natural cuenta con una red de sendas señalizadas que recorre los principales ambientes del espacio. Entre las propuestas oficiales se encuentran la Senda Circular del Bosque, la Senda Circular del Karst, la Senda Circular de los Miradores, la Senda Circular de los Usos Humanos, la Senda Circular del Encinal, la Senda Circular de la Dehesa del Agua y la Senda del Mirador del Salto del Nervión. Cada itinerario aborda una faceta del espacio: la estructura del hayedo, las formas kársticas (lapiaces, dolinas, simas, surgencias), los aprovechamientos tradicionales del monte o los puntos panorámicos sobre el valle.
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La avifauna constituye uno de los principales valores naturales del Monumento, hasta el punto de que el espacio fue declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) en el año 2000. Las fuentes oficiales contabilizan en torno a 60 especies de aves asociadas al espacio, distribuidas entre los hayedos, los roquedos, los pastizales y los ambientes kársticos. En los cortados y paredones calizos de la Sierra Salvada destacan, por su abundancia y vistosidad, las grandes rapaces rupícolas: el buitre leonado (Gyps fulvus) —especie más numerosa del espacio—, el águila real (Aquila chrysaetos), el águila culebrera (Circaetus gallicus), el águila calzada (Hieraaetus pennatus), el halcón peregrino (Falco peregrinus) y el alimoche común (Neophron percnopterus). Acompañan a estas especies la chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y la chova piquigualda (Pyrrhocorax graculus), habituales en los farallones, así como el avión roquero (Ptyonoprogne rupestris).
El Monumento Natural de Monte Santiago acoge una fauna diversa, vinculada a la coexistencia de hayedo, encinares, roquedos, formaciones kársticas, charcas y pastizales. Entre los mamíferos, las fuentes oficiales catalogan unas 20 especies, con presencia destacada del gato montés (Felis silvestris), el tejón (Meles meles), la marta (Martes martes), la garduña (Martes foina), el jabalí (Sus scrofa), el corzo (Capreolus capreolus), el zorro (Vulpes vulpes) y el lirón gris (Glis glis). El lobo ibérico (Canis lupus) forma parte históricamente del territorio, como atestigua la pervivencia de las loberas, y figura entre la fauna citada por la Junta de Castilla y León para el espacio. Las fuentes oficiales mencionan también, en el entorno, la presencia de ardilla (Sciurus vulgaris), nutria (Lutra lutra) y otras especies asociadas a medios forestales y de ribera.
Los anfibios son uno de los grupos a los que la propia Casa del Parque presta especial atención. En el entorno de la Fuente Santiago y otras charcas del espacio se citan ranas pardas, con mención específica a la rana ibérica junto a tritones y salamandras observables en función de la época del año. A este conjunto se suma una notable fauna cavernícola ligada al complejo sistema de simas, cuevas y surgencias que articulan el subsuelo kárstico del Monte Santiago, con presencia de invertebrados especializados en estos ambientes hipogeos.
La vegetación del Monumento Natural de Monte Santiago es resultado de su posición biogeográfica, en un ecotono entre el dominio atlántico y el mediterráneo, condicionada además por la orientación, la altitud, el sustrato calizo y los usos ganaderos tradicionales. La especie arbórea climática del territorio es el haya (Fagus sylvatica), que conforma uno de los hayedos meridionales cantábricos mejor conservados, prolongándose hasta el mismo borde del anfiteatro rocoso de la Sierra Salvada. En las cotas más altas y umbrías se sitúan las masas de hayedo y, de forma puntual, las repoblaciones de pinar, mientras que en las cotas medias y bajas de las laderas dominan los encinares (Quercus ilex) y quejigares (Quercus faginea), propios de condiciones más cálidas y secas.
Entre las distintas formaciones aparecen, intercaladas, especies como arces (Acer spp.), acebos (Ilex aquifolium), mostajos (Sorbus aria) y olmos de montaña (Ulmus glabra), así como el robles rebollo (Quercus pyrenaica) y tejos (Taxus baccata). El espacio mantiene también extensas zonas de pastizal y matorral vinculadas al pastoreo extensivo, con presencia de brezos (ericáceas), jaras (cistáceas), aulagas (leguminosas), enebros y sabinas (Juniperus spp.), boj (Buxus sempervirens), gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), espino albar (Crataegus monogyna) y endrinos (Prunus spinosa). Esta diversidad de ambientes —hayedo umbrío, encinar, quejigar, pinar, pastizal y matorral— configura un mosaico vegetal de notable riqueza florística, condicionado por la transición climática y por la fuerte impronta humana sobre el territorio.
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